El cuerpo femenino: El origen de un nuevo mundo

El desnudo como tema en la historia del arte ha sido una constante, pero para que se considerara decente debía hacer referencia a personajes mitológicos: Venus naciendo del mar, David antes de golpear con la piedra a Goliat, etc. Encontrar desnudos de personajes que en el momento de su creación estuvieran vivos es bastante difícil porque desafiaba las normas acordadas. No obstante, siempre hay transgresores y visionarios que se saltan las reglas del decoro establecidas en ese momento y nos brindan la oportunidad de mirar la realidad desde un ángulo radicalmente distinto. Uno de estos artistas fue Gustave Courbet. Desafiando convencionalismos Courbet rompió con la mayoría de convenciones académicas; quería presentarnos la realidad “tal y como es” eliminando idealizaciones, moralidad o bondad. Fue un claro provocador de emociones y sensaciones, pero también un combativo soldado contra los mandatos de la Academia Francesa (garante del academicismo en el arte). La apasionante historia empieza alrededor de 1866 cuando el diplomático turco Khalil-Bey afincado en París compró un desnudo a Courbet, aunque no era un desnudo usual, era un cuerpo truncado, solo visible desde la mitad del muslo hasta el pecho, en una postura relajada y tranquila. El dibujo guía nuestra mirada hacia “el origen del mundo”: allí donde pervive la continuidad de la vida. ¡Imagina qué atrevimiento para la época! No solo el cuadro en si era motivo de desconcierto, sorpresa e incluso éxtasis para los invitados, sino también el misterio que lo envolvía al estar escondido detrás de una cortina de color verde en la casa del diplomático. Actualmente se expone en el Museo d’Orsay en París conservando ese halo de misterio ya que se expone en un pequeño apartado tras una pared para no herir sensibilidades. Pero… ¿quién es la mujer representada? La incógnita se resolvió en 2010 cuando se descubrió un cuadro con la imagen de una mujer con la cabeza ladeada y echada hacia atrás. Los investigadores sostienen que podría ser una amante de Courbet: Joanna Hiffernan. Una nueva mirada Habrá personas que aún se sigan inquietando con la visión de esta obra, otras solo verán erotismo, algunas biología… ¡Ya es hora de que miremos el cuerpo femenino y sus atributos como algo más que un objeto de deseo o un cuerpo reproductor! Con el permiso de Courbet, podríamos rebautizar el cuadro como “El origen de un nuevo mundo”. Contagiémonos de su actitud transgresora y apliquémosla para construir una nueva era donde la mujer sea igual que el hombre en oportunidades, libertad e igualdad. Este es uno de mis deseos de Navidad para todas las mujeres del mundo. ¡Felices fiestas!

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